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Las reformas laborales y su trama

José Armando Caro Figueroa

Como las magdalenas de Proust las buenas columnas de opinión sobre la reforma laboral que está proponiendo el presidente Milei, accionan mi memoria involuntaria. Recuerdo ahora mismo los cinco grandes cambios que se introdujeron alrededor del llamado modelo argentino de relaciones de trabajo y de seguridad social.

La primera reforma importante fue instada por el presidente Perón, en 1954, con la aquiescencia de la cúpula sindical -encabezada por Eduardo Vuletich- que le respondía verticalmente. El Acuerdo surgió, tras largos debates dentro del muy importante Congreso Nacional de la Productividad y del Bienestar Social, que el mago Apold resumió en el eslogan “Producir, Producir, Producir” y cuyas conclusiones conviene releer de tanto en tanto en el libro de Rafael Bitrán.

Tras varios años de enfrentamientos entre los tres actores sociales, los sectores “participacionistas” del sindicalismo pactaron con el gobierno de Juan Carlos Onganía la generalización de la red de obras sociales sindicales y la creación de un ente ad hoc (PAMI) para cubrir a los jubilados y pensionados, aliviando así a las obras sociales sindicales de una carga prestacional que las conducía a la ruina.

Los compromisos, efectos e instituciones surgidas de este acuerdo (que podríamos llamar Vandor-Manrique) duran, en sus grandes líneas, hasta hoy y fueron ratificados por todos los gobiernos que se sucedieron desde entonces.

Retornado al poder Juan Domingo Perónimpulsó el “Acta de Compromiso Nacional para la Reconstrucción, la Liberación Nacional y la Justicia Social”. La conciencia se rubricó merced al liderazgo de José B. Gelbrad en el campo empresarial y de José Ignacio Rucci como secretario General de la CGT.

Rucci fue luego cobardemente asesinado por quienes, dentro del propio peronismo, se oponían a este tipo de consensos. Este acuerdo tuvo un contenido preferentemente salarial y funcionó en tanto y en cuanto el gobierno sofrenó la inflación y Perón se mantuvo al frente del timón del Estado.

El cuarto acuerdo llegó en tiempos del presidente Menem (a principio de 1992) cuando la mesa de “Dialogo Político sobre el Sistema Previsional” fijó las bases del Sistema Integrado de Jubilaciones y Pensiones. Bajo la dirección de Rodolfo Díaz y Walter Schulthess se sentaron a esta mesa 18 partidos políticos, la CGT y 9 organizaciones empresarias de la mayor representatividad. Después de más de un año de trabajo extraparlamentario, la reforma fue aprobada por la Ley 24.241.

El quinto y último de estos grandes pactos fue firmado, en julio de 1994, por el presidente Menem y los representantes de CGT y el Grupo de los 8, y tomó el título de “Acuerdo Marco para el Empleo, la Productividad y la Equidad Social”. Su agenda y contenidos recogieron un amplio y detallado consenso tripartito.

¿Cuáles fueron las condiciones que permitieron o facilitaron este pacto? En primer lugar, el liderazgo presidencial y su influencia sobre un sector importante del sindicalismo peronista liderado por Antonio Cassia y los miembros del Consejo Directivo de la CGT.

La capacidad de reunir voluntades puestas de manifiesto por Jorge Blanco Villegas (presidente de la Unión Industrial Argentina), fue determinante. Por supuesto el acuerdo pudo alcanzarse gracias al entorno de estabilidad económica creado por la Convertibilidad.

Destaco por último el funcionamiento del tripartismo actuando en relación con el Congreso de la Nación que aprobó, con pequeños cambios, los textos que fueron surgiendo de una Comisión de seguimiento conformada por CGT, UIA y Gobierno.

Este Acuerdo introdujo cambios significativos (Sistema de Seguro de Riesgos del Trabajo; Estatuto PYME; Conciliación Obligatoria Laboral (SECLO); derecho de información; higiene y seguridad en el trabajo; reformas a la Ley de Quiebras), y abrió cauces para liberar la negociación colectiva de cepos que dañaban la autonomía sindical y la productividad

Cuando todo parecía indicar que la reforma laboral más ambiciosa y equilibrada culminaría, en 1997, con la firma del “Acuerdo de Coincidencias Básicas”, los sectores más duros del empresariado se levantaron de la mesa presionando por el despido libre.

No obstante, el gobierno y la CGT acordaron reformas que establecían -dentro de la Constitución reformada y de los Tratados Internacionales- líneas de modernización de los convenios colectivos de trabajo, de los estatutos especiales, de las prestaciones de salud, y del propio régimen de despidos y de las reglas de tramitación de los conflictos. Este breve repaso, de memoria, pretende ayudar a encontrar cauces de diálogo recordando que todos los sectores económicos, sociales y políticos, adoptaron desde tiempos inmemoriales la estrategia de presión/negociación que tan bien ejerció y propagandizó Augusto Timoteo Vandor y otros destacados líderes sociales.

publicado en Clarín, 16/1/2024

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