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La nueva disputa por el poder global: quién controlará la Inteligencia Artificial

Henoch Aguiar

El mundo dejó atrás el orden que conocíamos. En un año implosionaron las alianzas militares y comerciales. Se enfrentan miembros de la OTAN, estallan los conflictos de aranceles, sigue la guerra en Ucrania. Se violan tratados y se conquistan territorios por la fuerza. En ese contexto, sucede algo igualmente importante: la inteligencia artificial (IA) se está convirtiendo en el verdadero factor de poder, en el sistema de control del siglo XXI.

En el reciente Foro Económico Mundial de Davos, el primer ministro de Canadá lo expresó con crudeza. Ratificó la decisión de su país de no quedar atrapado entre potencias con vocación hegemónica. Reafirmó su voluntad de cooperar en IA solo con Estados que compartan reglas y valores. El mensaje fue ovacionado. Reflejó la inquietud general.

En Davos se debatió sobre la inteligencia artificial generativa. Los especialistas prevén que, en pocos años, estos sistemas puedan alcanzar capacidades comparables con las que tiene un Premio Nobel. Se pronosticó un fuerte impacto sobre la ciencia, el trabajo y el desarrollo económico. Pero no se trató una cuestión grave: el dominio de la IA está concentrado en dos países.

Hoy, Estados Unidos y China lideran la IA. Disponen de las mayores capacidades de supercomputación, de los sistemas más sofisticados y del control de las plataformas globales. Esa primacía les permite definir estándares, imponer restricciones y condicionar a otros países sin recurrir a las armas. Muchos gobiernos se ven hoy afectados por las represalias comerciales y la fragmentación del comercio internacional. Pero el comercio ha demostrado históricamente su capacidad de recomposición. Nuevos acuerdos, nuevos socios y nuevas rutas pueden, con el tiempo, restablecer el equilibrio.

La IA es distinta. Si solo dos países hegemónicos la dominan, al liderar los servicios digitales y su uso global podrán controlar a toda nación, a cada sector de su economía, a su gobierno, a cada persona. Frente al actual dominio concentrado de la tecnología más avanzada de desarrollo y del arma más letal, debe construirse una tercera vía que descomprima esta polarización. Que favorezca el desarrollo, el equilibrio y el respeto entre países. Importa construir una alianza multilateral de naciones que impulsen el desarrollo conjunto, independiente y neutral de la IA.

La IA es estratégica. Permite diseñar mejores sistemas de defensa o lanzar ataques cibernéticos. Optimiza redes eléctricas o las sabotea. Protege sistemas financieros o los hackea. Fortalece infraestructuras críticas o las paraliza. En términos simples: quien domine la IA dominará el poder económico y estratégico del siglo XXI.

Para recobrar independencia, los países deben unir fuerzas y capacidades y así generar esa alianza multilateral de IA, neutral respecto del eje Estados Unidos-China, y capaz de articular a las naciones que no buscan hegemonía, sino su crecimiento económico conjunto y su independencia política.

El núcleo inicial natural de esta alianza podría formarse entre la Unión Europea, la India y Canadá, junto con otros Estados de fuerte vocación multilateral, como Brasil, Indonesia, Sudáfrica, Noruega y Suiza. Países con peso regional, autonomía política y un interés común: que la IA sea un motor de desarrollo y no una herramienta de dominación.

No se trata de un grupo pequeño. Sumados, solo los países mencionados representan 2530 millones de habitantes. Pueden convocar talento científico de primer nivel, invertir y crear un mercado significativo de IA. Tendrían una legitimidad política suficiente para ofrecer al mundo una alternativa creíble.

El objetivo estratégico debería ser competir, en pie de igualdad, frente al desarrollo de la IA actual y futura de los líderes hegemónicos. Si se articula esta nueva oferta mundial alternativa, los países miembros de la alianza tendrán una IA independiente para potenciar, sin condicionamientos externos, su innovación, la ciencia, la educación, el comercio internacional, los servicios y la defensa Un cambio tecnológico tan profundamente disruptivo, inimaginable en sus consecuencias, puede generar una sociedad con mejoras y oportunidades que nunca hubiéramos soñado, o también puede destruirla. La disyuntiva es clara. O bien ceder la soberanía tecnológica nacional a una de las dos potencias. O bien erguirse, independientes, y construir una alianza multilateral de IA que promueva equilibrio, desarrollo y paz. Elegir el camino de la cooperación abierta y neutral es una decisión política. Este es el momento de hacerlo. Estamos a tiempo.

publicado en La Nación, 13/2/2026

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