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¿Podrán el presidente Milei y los suyos?

Juan Llach

A lo largo de casi todo el siglo XXI he sostenido que la economía argentina está, y sigue estando, en terapia intensiva, aunque con esperanzas recientes por el nuevo gobierno. Tanto el crecimiento como la inflación se asemejan a los de los países más atrasados del mundo. A continuación, nuestros desafíos y el futuro posible.

La alta inflación es crónica y la estabilización es necesaria para crecer y para lograr mayor equidad. La Argentina tiene inflación crónica y es “récord mundial”, o está muy cercano a serlo, desde la década del 40 del siglo pasado. Fueron varios los intentos fracasados por doblegarla. La meta de inflación para la Argentina es llegar al promedio de los países sudamericanos: un 4,2% anual (Banco Mundial, 2024), exceptuando Venezuela y la Argentina (ver los años 2023 y 2024 –proyectado– de inflación de cada uno de los países sudamericanos 2023-24 en https://es.statista.com/estadisticas/1280168/paises-por-tasa-de-inflacion-en-america-latina-y-el-caribe/).

Las bajas y muy pobres tasas de inversión bruta interna y fija resultan en una evolución negativa del producto interno bruto (PBI). A principios de los años sesenta, la Argentina se ubicaba poco más abajo del vigésimo lugar en el PBI per cápita y hoy está cerca del puesto sexagésimo (aun con mayor cantidad de países, es relevante la comparación). Esto resulta de la baja tasa de inversión, cuantitativa y cualitativa. Desde 2012 el crecimiento del PBI de la Argentina fue apenas 0,25% anual; y cayó el PBI per cápita, lo que significa que la Argentina seguía empobreciéndose. La clave para crecer es una tasa de inversión de calidad y en cantidad, de todo tipo de empresas, para lo que es necesario bajar la carga tributaria, muy creíble y sostenidamente, dado que es muy alta hoy en la Argentina.

 Aquí, algunas políticas claves para mejorar la Argentina. Empezando por la creación de empleo, que dé prioridad a los más pobres. Urge capacitar en trabajos modernos, sobre todo a los más pobres y más jóvenes, para darles oportunidades de empleo genuino y retributivo. Un federalismo genuino, en los impuestos y en los gastos. Desde su nacimiento, el federalismo argentino no ha podido resolver un orden fiscal acorde con la Constitución. Hace más de 25 años que no hay un régimen legal de coparticipación federal basado en la Constitución de 1994 que tenía plazo hasta 1996 para lograrlo, de acuerdo con la cláusula transitoria sexta (”Un régimen de coparticipación conforme lo dispuesto en el inciso 2 del artículo 75, y la reglamentación del organismo fiscal federal, serán establecidos antes de la finalización del año 1996″).

Es importante una integración comercial y de inversiones en América Latina y en el mundo. Para lograr una buena integración en el mundo, a la Argentina le convendría fortalecer primero el Mercosur, siempre soñado, pero muy inestable. Sobre esa base, a la Argentina también le convendría una integración más amplia, por ejemplo, con la Unión Europea en un plazo largo (10 años) para dar pie a la adecuación de los productores argentinos. Por otra parte, debería mejorar sustancialmente la educación básica en todos los niveles. La pandemia de Covid retrasó los aprendizajes; un instrumento para subsanarlo sería una nueva carrera docente, por ejemplo, obligatoria para los entrantes y optativa para los que están ejerciendo. Esta nueva carrera docente podría tener incentivos a los cumplidores, como ya ocurre en la provincia de Mendoza.

La escolarización secundaria tiene una graduación en término levemente superior al 50% y llega al 60% varios años después. Un 40% de los que la inician no termina y esto es un gran desafío para nuestro país, dado que la graduación secundaria es exigida en la mayoría de empleos formales. A eso habría que sumar educación universitaria y para el trabajo. Esta política está tensionada por distintos factores: por un lado, acercar a los lugares más pobres las universidades y, por otro lado, aumentar su calidad. La primera sin la segunda sería un error, y en alguna medida un engaño, pero ya está ocurriendo.

En otro orden, urge garantizar la seguridad de las personas y las familias. Estamos en una situación candente y los asesinatos se han hecho habituales. Aquí es crucial el combate estructural al narcotráfico. Este mal, que avanza por doquier, es muy fuerte en algunas provincias, si no en todas, y no hay que desentenderse del mismo. La violencia y los asesinatos vinculados al narco deben ser combatidos, sabiendo que no es fácil dada la colusión entre personas pobres y, con frecuencia, policías, que no tienen otros recursos, comerciantes y consumidores.

El 1º de marzo Milei presentó 10 propuestas de políticas de Estado, que no pudieron firmarse en la fecha patria, 25 de Mayo: inviolabilidad de la propiedad privada, equilibrio fiscal innegociable, reducción del gasto público al 25% del PBI, reforma tributaria con reducción de la presión impositiva, rediscutir la coparticipación, compromiso de las provincias por avanzar en la explotación de recursos naturales, reforma laboral moderna que promueva el trabajo formal, reforma previsional sustentable que respete a quienes aportaron (más sistema privado de jubilación), reforma política estructural (alinear intereses de representantes y representados) y apertura al comercio internacional.

Algunos puntos deberían ser ampliados: por ejemplo, hay que diseñar un federalismo fiscal genuino, en los impuestos y en los gastos, más que simplemente rediscutir la coparticipación. Además, se omiten temas como la educación básica y universitaria, la formación en el trabajo, el combate al narcotráfico y la seguridad de las personas y las familias.

Estamos gobernados por quienes nunca lo hicieron, por un extremo liberalismo que despertó la curiosidad del mundo. El presidente Milei tiene una virtud saliente: una hoja de ruta que coincide con la necesaria. Por momentos aparece fuerte y seguro y, con menor frecuencia, dubitativo. Esa ciclotimia no es criticable sino humana. Tenemos además, por primera vez, un presidente que es economista profesional. ¿Le irá bien a Milei? Más allá de los deseos, lo mejor para la patria, y sobre todo para los más pobres, es que Milei, al menos, no fracase. Para lograrlo es clave reducir sustancialmente la inflación, que los empresarios inviertan sin prebendas y, muy importante, que se reduzcan, con tales políticas, la evasión impositiva, la indigencia y la pobreza. En tal contexto, nuestra Argentina volverá a crecer.

publicado en La Nación, 1/6/2024

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