El abordaje de la realidad económica a lo largo de la historia, ha tenido distintos enfoques o marcos teóricos. Uno de ellos ha sido apelar al concepto de “sistema”, palabra que se ha utilizado también en otros campos como el informático o en la ciencia política (el sistema democrático), por citar solo dos casos.
El economista y científico social, Karl Polanyi (1886-1964) utilizó la denominación “modos de integración” como equivalente de sistema. Lo basó en tres ejes: la redistribución, el intercambio y la reciprocidad. Esta última como equivalente de una solidaridad correspondida, pero también -en su variante más extrema- no excluye el “don” (la gratuidad o no esperar nada a cambio).
La redistribución ha sido la ejercida por el jefe de una familia, de una tribu, o de una ciudad y una nación. En este último caso lo denominamos “Estado”. Implica que haya un “centro” que capta ingresos (por ejemplo impuestos), excedentes o bienes y los redistribuye en bienes y servicios públicos de acuerdo a determinadas pautas institucionales. La redistribución implica una asimetría y puede tener un carácter progresivo, regresivo o equitativo.
También los intercambios económicos han tenido distintas características (no mercantiles y mercantiles) a lo largo de la historia, produciéndose en un determinado período un “salto o cambio cualitativo” con el emergente del mercado capitalista “moderno”.
La reciprocidad supone relaciones sociales simétricas entre individuos, de manera que para su institucionalización económica necesita de instituciones facilitadoras de organización simétrica, el ejemplo más conocido son los sistemas simétricos de parentesco o filiación. Como se ha expresado más arriba, una de sus manifestaciones más radicales es el “don” de quienes (personas, asociaciones civiles, fundaciones, cultos) ejercen la solidaridad sin esperar -necesariamente y de manera directa- nada a cambio para ellos.
Se puede arriesgar la hipótesis que, incluso si -en un futuro- somos suplantados por humanoides o una inteligencia artificial global y super poderosa, estos tres ejes estarán siempre presentes con distintas modalidades.
Mientras tanto no parece factible o sensato intentar anular la dimensión estatal, del mercado o de la solidaridad que se da en cualquier sociedad. Tal vez coincidamos que, partiendo “de lo que hay” (siendo realistas), es relevante ir convergiendo hacia un estado que tenga una escala y tecnología adecuada así como una organización profesionalizada que opere con responsabilidad operativa, eficiencia, eficacia, transparencia y equidad en su accionar regulatorio y de provisión de bienes públicos de calidad con un enfoque de desarrollo. Del mismo modo, el mercado parta de una realidad que opera buscando un excedente o ganancia en su accionar (aunque a veces solo subsista o quiebre), pero vaya incorporando componentes de triple impacto y cooperación en el entorno que opera. Finalmente, y no menos importante, que se pueda potenciar la participación ciudadana en las distintas organizaciones de la sociedad civil y expresiones de la cultura que promuevan desde una mejor gobernanza con calidad institucional y mejores cuadros dirigenciales hasta acciones solidarias en distintos campos. Podremos involucrarnos en un enfoque evolutivo que nos conduzca a un mundo mejor?.
publicado en Clarín, 8/9/2025
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