Las elecciones de hoy en Bolivia marcan el fin de una etapa política en ese país y también en el continente. Como ocurrió en Ecuador hace poco, el Socialismo del Siglo XXI tendrá una derrota, todavía más aplastante. Todos los estudios coinciden en que el candidato de la izquierda llegará en un modesto lugar, pasarán a la segunda vuelta dos candidatos opuestos a Evo Morales. Lo más importante: el MAS quedará reducido a su mínima expresión en el Congreso, tal vez consiga algún senador y un bloque minúsculo en la Cámara de Diputados. Fuera del Ejecutivo y el Legislativo, habrá llegado a su agotamiento histórico.
Morales no pudo inscribirse como candidato porque se lo impedía la Constitución boliviana y porque perdió el control de su partido en la disputa con el presidente Arce, al que él mismo puso hace cinco años. En todo caso, si hubiese sido candidato tampoco habría estado en la segunda vuelta. Estadísticamente, su imagen es pésima, sus negativos triplican a los positivos. Una amplia mayoría de los bolivianos lo culpa de la escasez de combustibles y de alimentos, por sus frecuentes cortes de las carreteras.
El evismo se desmorona, dejando un país en el que falta todo: combustibles, alimentos, divisas y sobre todo alegría, paz y esperanza. La caída de Evo es más dramática que las de Correa y Cristina, que tampoco volverán a presidir sus países. De ese grupo, solo Maduro está peor, al habérsele capturado, en esta semana, un botín de 700 millones de dólares escondido en el Caribe.
En los últimos meses, han encabezado todas las encuestas dos políticos de dilatada trayectoria. Jorge Tuto Quiroga es uno de los políticos bolivianos más conocidos a nivel internacional. Ha aparecido con frecuencia defendiendo la democracia en Venezuela y combatiendo a Evo Morales en todos los foros internacionales.
Fue presidente de Bolivia cuando enfermó Hugo Banzer en 2001 y luego cuatro veces candidato a la presidencia de la república. El otro es Samuel Doria Medina, que ha integrado binomios presidenciales seis veces, cuatro como candidato a presidente y dos como candidato a vicepresidente. El resultado va en contra de la corriente del continente, en la que los electores están buscando candidatos que sean distintos de los “políticos de siempre”. El fastidio con el pasado existe también en Bolivia, pero es tanto el enojo con lo que pasó en los veinte años del MAS, que a los candidatos hasta les disculpan ser políticos con tal de que no se prolongue este cruel experimento. Los dos candidatos que encabezan las encuestas tienen una formación académica y un currículum sofisticados, lo más probable es que, sumados, tengan la mayoría total del Congreso. Ojalá en Bolivia no se repita la lucha a muerte que se da en otros países y los ganadores puedan dialogar para hacer los cambios que necesita el país de manera urgente. Aparece en tercer lugar Rodrigo Paz, político prestigioso de Tarija que tampoco formó parte de los gobiernos del MAS. En las últimas semanas ha tenido un crecimiento interesante y no se puede descartar que pase a la segunda vuelta, en un país en el que, en vísperas de las elecciones, cerca de un 50% de los electores se dice indeciso. Al igual que el 50% que no fue a votar en las últimas elecciones argentinas, eso refleja la crisis de la política representativa. En todos nuestros países existe una elite partidista que conversa sobre temas que aburren a la mayoría y que, si no se renueva, va a caducar, como ha pasado en otros países. Renovarse no es repetir sus peleas haciendo el ridículo en TikTok, sino dar espacio a los nuevos temas que mueven a la mayoría de los electores de la sociedad hiperconectada.
Pasó el tiempo en que los partidos eran propiedad de iluminados que solo existían para fomentar el culto a la personalidad. Evo, Correa, Cristina fueron los presidentes más importantes de sus países en el primer cuarto del siglo XXI, pero el tiempo histórico se aceleró. Los casetes, las máquinas de escribir y los oradores que hablaban de teorías quedaron archivados. Estamos ingresando en la época de la computación cuántica, la inteligencia artificial y la comunicación digital.
Los binomios que encabezan las preferencias son interesantes. Está por un lado José Luis Lupo, prestigioso funcionario internacional que acompaña a Samuel, y J.P. Velasco, binomio de Tuto, un joven emprendedor que ha generado empresas posmodernas que dan trabajo a más de cincuenta mil bolivianos.
Comparto la inquietud de Andrés Oppenheimer sobre la revolución tecnológica y su impacto en el cambio de nuestras sociedades en los próximos años. El desarrollo de la ciencia es al mismo tiempo el principal problema y la principal oportunidad que aparece en el futuro inmediato. Es indispensable integrar a nuevas generaciones a la política, especialmente a quienes están vinculados a este tema.
En Argentina tenemos muchos intelectuales y emprendedores exitosos que estudian las consecuencias de la cuarta revolución industrial, cuando la singularidad está ya entre nosotros.
publicado en Perfil, 16/8/2025
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