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Fin del pacto: Cristina cayó, Milei quedó desnudo y la república se despereza

Ricardo Raúl Benedetti

Cuando se rompe el pacto, se caen las caretas. Ella ya no manda, él ya no engaña, la República se despabila, y la verdad estalla.

En la Argentina donde todo parece posible hasta que la república dice basta, se cayó la careta del gran acting político del siglo XXI. Un pacto no escrito, pero perfectamente coreografiado entre Javier Milei y Cristina Kirchner, se vino abajo como se caen las farsas: entre gritos, desmentidas y un tufillo a desesperación.

Era un pacto hecho de silencios convenientes, boicots disfrazados y nombramientos judiciales que olían a impunidad. Era un negocio político entre dos polos que se necesitaban más de lo que se odiaban. Y ese negocio explotó el 10 de junio, cuando la Corte Suprema ratificó la condena a Cristina y la sacó del ring para siempre. No hay 2027 para ella. Y Milei, sin su antagonista favorita, quedó como lo que es: un producto sin espejo.

Con Cristina inhabilitada, el relato mileísta de que todo es kirchnerismo o libertad entra en crisis. Se les fue el cuco. Se cayó el telón. Y lo que asoma no es una república nueva, sino un rejunte de traiciones, viejos socios reciclados y una oposición que, si deja de mendigar migajas y se planta, tiene una oportunidad histórica. ¿La aprovechará el PRO? ¿O se entregará como furgón de cola a cambio de dos candidaturas y un saludo en X?

El pacto: la evidencia que nadie quiso ver

Esto no es una teoría conspirativa. Es una cronología de hechos. La Ley de Ficha Limpia, la que habría impedido a Cristina presentarse jamás a ningún cargo, fue dinamitada desde adentro por La Libertad Avanza. Ocho diputados se evaporaron en una sesión clave de noviembre de 2024. No fue torpeza: fue cálculo. En el Senado, dos votos de Misiones viraron a último momento, y no por magia: Carlos Rovira, capo feudal con sede en Posadas pero teléfono directo con Casa Rosada, hizo el favor. El favor a quién, queda claro: a Milei.

El mismo Rovira que votó la Ley Ómnibus, el DNU 70/2023 y el veto a la movilidad jubilatoria, admitió que el freno a Ficha Limpia fue un pedido del Gobierno para “dar gobernabilidad”. Sí, gobernabilidad para que Cristina no quede expuesta. Milei necesitaba a Cristina viva para seguir vendiendo el miedo.

Y hubo más avisos. El propio Guillermo Francos, hoy jefe de Gabinete, blanqueó el juego sucio sin querer queriendo: dijo que el proyecto de Ficha Limpia de Lospennato “parecía hecho para sacar a Cristina”. ¿Y cuál era el problema con eso? Exactamente ese. Sacarla era dinamitar el show. Sin Cristina, se les caía el decorado. Y se les cayó.

Y después está el otro ladrillo del pacto: Ariel Lijo. Propuesto para la Corte Suprema, hombre del riñón peronista, garantía de supervivencia judicial. Gran dormilón de causas de corrupción kirchneristas y de empresarios ligados a negociados turbios. Senadores k lo defendían como quien defiende el último puente antes de que empiece el desierto. Pero el Senado lo tumbó. No pasó. Y ahí Milei explotó.

Ahora, si alguien aún cree que esto fue casualidad, miremos la lista de nombres. Daniel Scioli, por ejemplo. Vice de Néstor, gobernador de Cristina, candidato del FPV en 2015. ¿Y quién estaba en su equipo de campaña? Milei, bajo el mando de Guillermo Francos en la Fundación Acordar. Hoy, Francos es ministro del Interior y Scioli es secretario de Deportes. ¿Deportes? No. De decorado. Scioli es el puente más descarado entre el viejo régimen y el mileísmo. Y nadie lo toca. Nadie le pregunta. Nadie lo escucha, pero tampoco lo echa. Porque representa una continuidad silenciosa entre dos mundos que fingen odiarse, pero se cuidan la espalda.

¿Más pruebas? Cúneo Libarona, ministro de Justicia, dijo que la causa Vialidad contra Cristina “no tenía pruebas”. Un ministro libertario defendiendo a la jefa del saqueo nacional. ¿Por qué? Porque su estudio jurídico defiende a empresarios involucrados en la causa Cuadernos varios de ellos, aportantes de La Libertad Avanza. El mismo Cúneo que asegura que Nisman se suicidó, cuando hasta la Gendarmería probó lo contrario. La vergüenza ajena es doble: por él y por los ex republicanos que juraron por Nisman y hoy comparten gabinete con el tipo que le niega el crimen. ¿Ese es el paladín de la justicia republicana? No. Es el operador jurídico del pacto. Y nosotros, los que seguimos creyendo en la democracia, tenemos todo el derecho, y el deber, de sentir asco.

La caída del pacto

El 10 de junio de 2025 se firmó el certificado de defunción del pacto. La Corte le dijo adiós a Cristina. Milei posteó “Justicia. Fin.” como si fuera guionista de Netflix. Pero lo que vino después lo delató: insultos a periodistas, berrinches adolescentes en redes y acusaciones delirantes a medio sistema político. Se le pinchó el globo. Cristina ya no está. ¿Y ahora? ¿Con quién va a polarizar? ¿Con un holograma de Marx?

La bronca de Milei no es por justicia. Es porque le rompieron el guión. Él necesitaba a Cristina para mantener viva la grieta que lo alimenta. Sin ella, tiene que debatir con republicanos, con liberales serios, con gente que no vive del circo. Y ahí no sabe qué hacer.

Silvia Lospennato, con precisión quirúrgica, lo puso en evidencia cuando Milei acusó al macrismo de pactar con Cristina: “Tiene una alucinación seria”. Y Macri, que no necesita traducción, dijo lo que todos pensamos: hubo un pacto con el kirchnerismo. La sociedad, por primera vez en mucho tiempo, huele el aire limpio que deja el derrumbe de dos relatos que se sostenían mutuamente. Es hora de hablar en serio.

Violencia al estilo LLA: el látigo a los republicanos

Cuando se te acaba el enemigo, apuntás al que tenés al lado. Por eso Milei y su tropa se lanzaron contra el PRO, la UCR y la CC. No contra todos, claro. A los conversos los abrazan. A los que se resisten, los destruyen. Hay radicales como Campero y Picat que votaron con Milei el veto a los jubilados, y Lousteau los sancionó por traidores. En el PRO, Santilli y Montenegro ya tienen el pasaporte violeta listo. Están en la puerta, esperando la señal para cruzar. Del otro lado, Mauricio Macri y Jorge Macri resisten. Y no resisten por nostalgia, sino porque entienden que si el PRO se entrega, desaparece.

Pero hay señales nuevas. María Eugenia Talerico asoma como una esperanza fresca, lúcida, incorruptible. Su discurso es de principios, no de cargos. Y eso, en esta fauna de camaleones, es dinamita. Es una figura que puede representar lo mejor del republicanismo, sin mochilas ni dobleces.

Y en la Ciudad de Buenos Aires, otro bastión se prepara: María Eugenia Vidal resiste. Todo indica que será candidata a senadora nacional por un frente republicano que le plante cara a la lista libertaria. Del otro lado, la ex republicana Patricia Bullrich, hoy devenida en operadora ministra de Milei, prepara su candidatura como si nada. ¿Quién la asesora? ¿Cúneo Libarona? ¿O ya la mandan de vacaciones con Scioli como guía turístico? Patético. La misma Bullrich que hablaba de Nisman con lágrimas en los ojos ahora milita con el negador serial de su asesinato. Vergüenza.

La Coalición Cívica, como siempre, es la brújula moral. La que avisa, la que grita, la que pone el cuerpo. No por cálculo, sino por convicción. Mientras otros se disfrazan de influencers libertarios, Carrió y los suyos siguen marcando la cancha con coherencia. ¿Molestan? Sí. Porque no se venden.

¿Y ahora qué?

Cristina está afuera. El kirchnerismo se desangra. El mileísmo se quedó sin espejo. El PRO tiene que elegir: arrodillarse por dos cargos en una lista o ponerse de pie como alternativa republicana. Y vos, ciudadano, tenés que elegir también. ¿Seguís creyendo en el verso de los extremos que se pelean para que no mires al centro? ¿O vas a abrir los ojos y exigir una república de verdad, con instituciones que no se negocian y justicia que no se pacta?

Porque si algo nos enseñó esta caída estrepitosa es que no hay liderazgo sin verdad, ni libertad sin memoria. El pacto se rompió. Ahora empieza la batalla por la Argentina que merecemos.

publicado en NotiAr, 11/6/2025

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