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Con Adorni, el mileísmo va camino a replicar al kirchnerismo en materia de corrupción

Marcos Novaro

En 2012 Cristina Kirchner explicó su fortuna mal habida, nada menos que en la tribuna internacional supersofisticada que le ofrecía la Universidad de Harvard, con una frase que haría historia: “Es que fui una abogada exitosa”. Todos discutiríamos por años si había querido tomarnos el pelo, dado que era harto sabido que jamás había ejercido la profesión, o si simplemente había dicho lo primero que se le ocurrió porque nunca había pensado seriamente en tener que dar explicaciones.

A Adorni le pasa lo mismo. Dio explicaciones improvisadas y contradictorias desde que quedó en evidencia. Y para completar esa zaga ahora nos dice que fue un “inversor cripto muy exitoso”, ganó cientos de miles de dólares, y además lo hizo a partir de cientos de miles de dólares que también le habían caído del cielo: se los encontró de sopetón en el departamento muy humilde de su padre cuando él murió. Y además de todos esos milagros, guardó toda esa fortuna durante años, condenándose a una vida recontra gasolera, vacacionando como mucho en Mardel, sufriendo con un único par de zapatos que ya no daban más, para de golpe empezar a gastar la tarasca a lo atropellado, cosa ya totalmente inexplicable, justo cuando cayó cual paracaidista que por segunda o tercera vez se saca la grande, a un cargo destacadísimo en el Estado.

Este Adorni parece que se sacó la lotería no una, sino tres veces al hilo. Increíble, ¿no?

Sí, por completo increíble. ¿Se habrá copiado de Cristina adrede o sin querer? Hay algo más que casualidad detrás de esto, porque las semejanzas entre ambos fenómenos de enriquecimiento son ya demasiadas.

Además de las excusas, están los movimientos millonarios de “físico”: todo es billete, cash, nada de transferencias. Lo que es más raro aún en el caso del actual funcionario, porque supuestamente viene del mundo cripto, donde si algo no se usa ya es la plata física.

También se repite el involucramiento, con consentimiento o sin él, de familiares, que quedan enredados en todo tipo de complicidades: además de esposa, hermano y varios más, Adorni metió en el barro ahora al padre, que tiene que andar excusándolo de sus andanzas desde la tumba, una miserabilidad mayúscula. Más o menos como la de los Kirchner, cuando no dudaron en revolver la ya complicada memoria de “Kirchner padre prestamista” para explicar que buena parte de lo que tenían era heredado, y además le pertenecía en realidad a sus hijos, no a ellos.

Y está, por supuesto, el acompañamiento cómplice del entorno, la aquiescencia de todo un gobierno (en el caso del mileísmo hay que decir “casi todo”, por lo menos Bullrich se volvió a diferenciar), avalando, tapando, respaldando y festejando incluso las ridículas excusas y explicaciones que se ofrecen.

Pero ambos gobiernos, además, hacen mucho más que respaldar explicaciones precarias. Ofrecen un modus operandi: pueden echar funcionarios por muchos motivos, pero nunca por ser chorros. Ese motivo está desde el vamos descartado, es un tema innombrable, y ante denuncias de ese género se levanta una férrea defensa corporativa: “Lo que se alega nunca pasó, ni en ese ni en ningún otro caso”.

De allí que sorprendiera mucho lo rebuscado de la explicación que ofreció Adorni, después de meses de dar otras versiones aún más contradictorias y abiertamente insostenibles, y de devanarse los sesos muchos contadores y abogados, seguramente, para tratar de que lo declarado pase al menos la inspección de mínima consistencia narrativa y de cuenta de almacenero, pero no sorprendió para nada que Milei saliera a decir que lo había convencido, el tema quedaba cerrado y a otra cosa mariposa.

Pero más preocupante que todo eso sea, tal vez, otro rasgo en común que tienen ambos gobiernos en este tema: ninguno de los dos tiene ningún prurito en comprometer sus políticas públicas para sostener su pretendido derecho a afanar. Bajo el kirchnerismo se usaron, entre otros, los derechos humanos, la obra pública, el control de capitales, las regulaciones de precios, las licitaciones para distribuir medicamentos. Durante el mileísmo hay menos políticas de donde manotear pero igual se las arreglan: de nuevo medicamentos parece ser la niña mimada, y aparecen también, a contramano de los controles de capitales, la inocencia fiscal, el régimen simplificado de ganancias y otros por el estilo.

Políticas que los gobiernos pretenden ofrecernos como sus “logros”, y puede o no que lo sean, pero no importa tanto, porque en cualquier caso quedan contaminados de un interés ilegítimo, canalizar o encubrir la codicia más lamentable.

En lo que consiste, finalmente, una buena parte del “costo de la corrupción”: porque a ella la pagamos todo, cuando los fondos públicos se desvían y malversan, y la volvemos a pagar otra vez más, o varias veces más, cuando se agrava la desconfianza en las reglas económicas y jurídicas comunes, se resiente la inversión productiva, se reproduce la economía en negro, la evasión, la fuga de capitales y otras desgracias.

Adorni dice que tuvo una suerte bárbara. Los que no tenemos suerte somos nosotros con Adorni. Y tampoco va a tener mucha suerte el gobierno con él, si queda instalado, como parece es inevitable ya que suceda, la idea de que a esta gente no se le puede creer nada o casi nada de lo que dice. Y no solo porque nos cuentan mentiras piadosas, como fue, por caso, esa de que “el ajuste lo va a pagar la casta”, un camelo que, en última instancia, podía justificarse por un objetivo colectivo superior, crear confianza en la viabilidad del ajuste y las reformas. Sino por una mentira que hace todo lo contrario, es tóxica para nuestro esfuerzo colectivo, lo mina desde adentro. Milei debería prestar atención al cambio de registro que han experimentado sus mentiras, en estos dos o tres años en el poder. Porque si no, no va a entender por qué la inflación tarda tanto en bajar, la recaudación cae y se complica el equilibrio fiscal, y el riesgo país, aunque se modera, sigue siendo demasiado alto para un país que quiere ser un poco más serio y normal.

publicado en TN, 11/6/2026

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