El drama de la educación en nuestro país es el resultado de un conjunto de causas que se han combinado y potenciado para convertirla en una productora de inequidad,en lugar de ser generadora de oportunidades para una vida mejor.
Las crisis económicas y sociales crónicas se sumaron a un Estado incapaz, dominado por conceptos ideológicos – como el rechazo a la importancia de la calidad -que han desnaturalizado el proceso educativo, y que afecta sobre todo a los más pobres; ya que los más ricos pueden “comprar” esa calidad fuera del sistema público.
La negación de este valor se expresa en la histórica falta de instrumentos elementales para su logro, como la capacidad de los docentes; la existencia de herramientas de evaluación; el rol de los supervisores y sus capacidades de gestión y la participación de las familias en los procesos de alfabetización; carencias concentradas en las jurisdicciones más pobres.
Por todas estas razones estructurales, resulta muy esperanzador observar los primeros resultados de algunos programas que marcan cambios estructurales para estos temas críticos.
Así, por ejemplo, en las pruebas Aprender 2025 para Lengua y Matemáticas, se alcanzó el nivel histórico máximo de participación de estudiantes (752.000 estudiantes) y una mejora sensible en Lengua en los resultados finales, a nivel nacional y en especial en las provincias históricamente más rezagadas: La Rioja y San Juan (+22%); Catamarca (+21%); Jujuy, Formosa, Entre Ríos, Chaco (+19%).
Un avance político muy positivo para el futuro es constatar que las 24 provincias se han integrado a un programa común, lo que implica no solo compartir tecnologías, sino también construir una base de datos que incluye información comparativa, y una evaluación dinámica acerca del impacto de múltiples variables en el proceso educativo.
De tal manera, la “evaluación basada en evidencia”- herramienta esencial para asegurar calidad- pasa a ser un componente estable de funcionamiento de todo el sistema, sin diferencias políticas.
Estos resultados son aún más relevantes en las 6686 denominadas Escuelas Alfa-las escuelas más retrasadas del país-, las que enfrentan mayores problemas en su capacidad para brindar a los estudiantes los conocimientos, habilidades y valores necesarios para su desarrollo integral y en las que la participación en los nuevos programas ha producido una sensible mejora que frena el proceso de deterioro ya crónico en la educación de los más pobres.
La agenda de intervenciones para estas escuelas es de una inédita complejidad, con temas como conectividad y tecnología, gestión institucional, sistemas de información, y agregar una hora más a la actividad cotidiana.
El próximo paso es avanzar sobre los determinantes sistémicos que ya mencionamos – como los que determinan el ausentismo escolar, la participación familiar y las capacidades directivas-, que requieren una acción coordinada de diversas áreas públicas y que los sistemas de política social de las Provincias se ordenen y complejicen, y capaciten a sus recursos humanos. En síntesis, las noticias son alentadoras. Estamos viendo como en las zonas más pobres- y por tanto las de mayor dificultad por la cronicidad de sus problemas- es posible lograr resultados cuando se diseñan e implementan proyectos sólidos y se logra que los sistemas políticos y burocráticos comprendan que el camino de la eficiencia es el que mejora la vida de sus ciudadanos y genera reconocimiento social.
publicado en Clarín, 2/8/2026
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