Lecturas sugeridas
Azul como el mar… ¡verde!
Hernan Lacunza
Vierta los ingredientes de su guiso preferido en una olla. Cierre a presión. Si no es hermética, obture con alambre las válvulas de escape. Condimente a gusto. Exponga el recipiente a fuego moderado, aunque creciente. Parapétese detrás del sillón. Espere unos minutos, y dispóngase a limpiar el techo de la cocina. Busque la explicación en cualquier manual elemental de físico-química.
Gaste más de lo que recauda, hasta consolidar el déficit fiscal. Cierre los canales de financiamiento voluntario, y emita pesos al 40% anual para cubrir el bache. Atrinchérese en la negación del recalentamiento inflacionario. Pise el tipo de cambio y prohíba la compra de dólares, clausurando secuencialmente todas las vías de escape (importaciones, ahorro, viajes, dividendos). Sazone con eufemismos referidos a la capacidad contributiva y batallas culturales épicas de pesificación y desendeudamiento. Espere unos meses, y vaya a buscar el dólar paralelo a la terraza. Consulte el manual de economía y finanzas.
Causas y consecuencias de un blue desbocado. Factores coyunturales explican la “disparada” del blue en enero, como las intervenciones erráticas en un mercado demandado por factores estacionales y una emisión monetaria superior a $ 30 mil millones el mes anterior; pero la tendencia ascendente de la brecha es estructural, asociada al ya insoportable atraso cambiario por inflación.
Que el mercado informal navegue a la deriva, con persistentes subas de la paridad, no sólo es oneroso en términos económicos (expectativas inflacionarias, inversión), sino que al aumentar el “premio” por desvío de fondos al paralelo, contagia al segmento formal tras reducir/postergar la oferta y aumentar/anticipar la demanda. Por ejemplo, difiere la liquidación de exportaciones agrícolas (por no saber qué hacer con los pesos y a tasas de interés negativas), y promueve la salida de depósitos privados (casi US$ 300 millones en enero) al disparar “fantasmas” en el ahorrista medio.
La consecuente sequía de divisas en las arcas oficiales (apenas US$ 100 millones de compras en enero, frente a más de mil millones de dólares promedio en el último quinquenio), con reservas por debajo del umbral de los US$ 43 mil millones, indujo al Banco Central (al fin y al cabo, única usina de divisas) a racionar los dólares, pronunciando la escasez, aún en un mercado chico como el paralelo, y cerrando el círculo vicioso sobre el circuito formal.
¿Cómo sigue la historia? ¿Puede cambiar esta dinámica? Sí, pero como se atribuye a Einstein: “Sería una locura esperar resultados distintos si seguimos haciendo lo mismo”. El blue es hijo del cepo, y éste es consecuencia del uso abusivo del Banco Central para financiar al Gobierno en pesos y en dólares (que erosionó las reservas hasta el 35% de los pasivos monetarios, y colmó de “pagadios” hasta el 55% de sus activos), obligando a cercenar la demanda de dólares de particulares y empresas para preservar los dólares para el Tesoro y las importaciones energéticas. La cotización depende de la rigidez del cepo: si se reprime la cantidad (para evitar caída de reservas), sube el precio.
En principio, el programa financiero 2013 del Gobierno no acusa recibo de la tensión cambiaria, y planea seguir usando al Banco Central como fuente de financiamiento casi excluyente, por casi US$ 10 mil millones (US$ 6 mil para obligaciones externas y el resto para inversión pública) y unos $ 100 mil millones, que continuarán deteriorando su patrimonio.
No obstante, con algo de viento a favor (depreciación del dólar frente a las monedas de nuestros socios comerciales), la paridad multilateral actual del blue (ajustada por inflación) se ubica en un rango confortable: superior al promedio 2003-2007, máximo relativo contra el real y similar al dólar post-crisis de 2009; sin contar que los actuales precios de la soja son superiores (y por lo tanto, menor la paridad de equilibrio).
Por sus volúmenes, el mercado informal sigue siendo controlable para la autoridad monetaria. En todo caso, la secuela de la disparada de enero será una necesidad de mayor munición (reservas). Pero de nada servirá una intervención ocasional, que afloje oferta apenas se relaje la cotización. Con pesos abundantes y tasas de interés negativas, cualquier baja en la paridad informal podrá ser considerada una oportunidad de compra.
La suba de la brecha cambiaria reaviva conjeturas sobre el desdoblamiento del mercado (que ya existe para el agro, para viajar, para inmuebles, para girar utilidades, para ahorrar). Aportaría cierta certidumbre en las reglas del juego, podría estimular la oferta y el consumo por efecto riqueza de quienes atesoraron dólares, y sería “vendible” como política industrial. Los costos inflacionarios no parecen muy superiores a los actuales (una parte de la economía ya se indexa al blue). La suba de la tasa de interés y algún sacrificio de reservas, en un mercado no apto para experimentos audaces, podrían calibrarse relajando gradualmente las restricciones cuantitativas. Los costos políticos parecen mayores: no sería fácil para el Gobierno admitir problemas de competitividad, convalidar una expectativa de mercado, y ceder a la imposición de reglas cuando se mueve cómodo en la discrecionalidad.
En definitiva, en la disparada del blue subyacen los problemas de una inflación desbordada, que no sólo genera tensiones cambiarias, sino que limita el consumo, la inversión, las exportaciones y el empleo. Los acuerdos de precios y salarios pueden ser complementarios, no sustitutos de políticas fiscales y monetarias anti-inflacionarias. Aisladamente, sólo tienen efectos balsámicos de corto plazo. Basta recordar, entre otras, la experiencia en el mercado de carne vacuna: con controles vigentes hasta 2009, el precio se disparó en el primer trimestre de 2010 tras la liquidación del stock ganadero por desincentivo a la inversión.
Antes de desacreditar la amonestación del FMI por su impericia para prevenir la crisis de 2009 (¿qué tendrá que ver eso con la calidad de nuestras estadísticas?) es hora de implementar un programa anti-inflacionario, asumiendo los costos políticos y económicos inmediatos, a cambio de los beneficios mediatos. No porque lo pida el Fondo, sino por los pobres. Difícil en un año electoral, pero como pone en evidencia el mercado cambiario informal, la olla inflacionaria ya acumula demasiada presión.
publicado en Perfil, 09/02/2013
Dejar un comentario
Recogemos los comentarios, críticos o favorables, que amplíen los conceptos y/o contribuyan a una discusión respetuosa. El CPA se reserva el derecho de no publicar aquellos que no satisfagan estas condiciones.
¿Por Qué?
Preguntas (y respuestas)
para pensar la Argentina
Todos los domingos de 14 a 15
por Radio Ciudad, AM 1110
Haciendo Pie
Dos horas de análisis sobre los
grandes desafíos de la Argentina
y el mundo.
Todos los domingos de 12 a 14
por Radio Ciudad, AM 1110
Contribuciones de los socios
Fracasar en nombre del cambio social: la izquierda en su laberinto
Jorge Sigal
La Nación, 29/9/2026
leer artículoCancelación
Rogelio Alaniz
La Nación, 28/9/2026
leer artículoDocumentos
Declaración del CPA – La ciencia y la tecnología deben ser una prioridad de gobierno
Buenos Aires 30 de septiembre de 2026
leer documento