Documentos

El Club Político Argentino ante el agravamiento de la violencia

15 de abril de 2014

Ante la ola de episodios violentos que conmueve a la sociedad y que ha desencadenado pronunciamientos por parte de diferentes sectores, el Club Político Argentino desea aportar algunas reflexiones en la esperanza de contribuir con la ardua tarea de encarar políticas enderezadas al restablecimiento de la convivencia.

Delincuencia y estado: no utilizar al estado como coartada. Es ya lugar un común referirse a la “ausencia del estado” como responsable de la violencia que azota a nuestra sociedad. Sin duda hay algo de verdad en esa afirmación, pero no se puede ignorar que en muchos casos se trata no tanto de una ausencia, cuanto de una retirada, que crea tierras de nadie a merced de la violencia, generando condiciones para una “privatización” del servicio de seguridad. Asimismo, en muchos casos, tampoco se trata de ausencia, sino de interpenetración entre la delincuencia y un estado que está presente pero comprometido con ella. Así, la presencia estatal requerida depende de un regreso del estado tanto como de una reconstitución activa de sus funciones indelegables.

No estigmatizar a los pobres. Considerar, como se hace con extrema frecuencia y muchas veces de parte de las más altas autoridades, que la pobreza y la exclusión son causales de la delincuencia y la inseguridad es superficial, injusto y peligroso. Es injusto de por sí: los pobres no delinquen más que los ricos. Y es doblemente peligroso: orienta muy mal los recursos escasos a movilizar para reducir la inseguridad, y coloca al pobre, que ya sufre mucho la delincuencia, en la penosa situación de sospechoso. Este estigma profundiza la zanja social que nos afecta y fomenta la hipocresía inocultable de fórmulas que se empeñan en buscar las “causas” de la violencia en la exclusión e, implícitamente, asocian el delito con los excluidos. Las causas reales son bastante más complejas y deben enfrentarse con un conjunto de políticas sólidas y coherentes.

Autoritarismo popular. No pueden caber dudas sobre el hecho de que la restauración de patrones de convivencia ética que dejen atrás el estado de violencia primitiva que nos amenaza requiere de un impulso y carácter específicamente estatal; o sea un movimiento del poder político que recupere el orden en el marco de una república democrática, y revitalice al estado como institución básica e indispensable del gobierno de la ley. Pero no es menos cierto que los argentinos también tenemos una enorme dosis de responsabilidad sobre el presente estado de cosas, y por ende sobre su solución. Nuestro desapego a la ley es proverbial y es una de las fuentes de los males contemporáneos. El autoritarismo popular, que al mismo tiempo en que reclama un estado más duro y violento, está siempre dispuesto a hacer “justicia” por mano propia infringiendo la ley, tiene, como se ha visto en las semanas recientes, una propagación social alarmante, y de esta anomia social se ven así las dos caras. Los agentes públicos se enfrentan a una doble tarea, porque deberían evitar el delito y, por otra parte, poner coto a los que violan la ley en respuesta a esa amenaza, estimulados en parte por su defección. Pero sobre todo se trata de ser conscientes de que estas formas de negación de la ley corroen la vida pública, generan más inseguridad e importan un desafío severo a la acción política.

A favor de la vida y la convivencia. El compromiso con el gobierno de la ley confiere consistencia a un estado de derecho, que es aquel en el que los ciudadanos no se arrogan el ejercicio de la justicia, infligiendo a presuntos culpables brutales castigos físicos asimilables a la tortura. Un estado de derecho es aquel en el que un gobierno legítimo está obligado a cumplir y hacer cumplir los derechos subjetivos y los derechos humanos incorporados a su Constitución. La tarea política del estado supone proteger a los ciudadanos víctimas de delitos pero también a los (presuntos o no) delincuentes, que no pierden sus derechos por el hecho de serlo.

La democracia argentina fue refundada en 1983 tras las terribles experiencias de la guerra civil larvada, el terror de estado de la dictadura militar y la guerra de las Malvinas. La sangre derramada en esas tragedias permite entender que la marca de identidad de la refundación democrática haya sido esencialmente la valorización de la vida. Y todavía lo es: la vida personal y comunitaria es el valor básico desde el que el régimen político tanto como los ciudadanos dicen no a las formas incompatibles con ella, como la violencia. ¿Se ha deteriorado este compromiso? ¿Hay un cambio cualitativo, en el curso de retroceso que venimos experimentando? En todo caso, los argentinos no deberíamos olvidar que la convivencia social, tanto como la política, dependen de ese compromiso básico. Y que ello implica una promesa y una voluntad, la de cumplir con la ley.

 

Firman: Carlos Abeledo, Henoch Aguiar, Rogelio Alaniz, Eduardo Amadeo, Hugo Ambrosi, Ruth Andrada, Guillermo Ariza, Pablo Avelluto, Horacio Boneo Mario Brodersohn, Nidia Burstein, Elena Caletti, Antonio Camou, Carlos Canievsky, Julia Castells, Pablo Ciarliero, Ema Cibotti, Celia Corti, Julio Dreizzen, Mario Féliz, Graciela Fernández Meijide, Lidia Garfunkel, Guillermo Genta, Carlos Gervasoni, Ernesto Gore, María Victoria Grillo, Mario Gruskoin, Osvaldo Guariglia, Claudia Guebel, Alexander Guvenel, Graciela Iuorno, Hernán Lacunza, Gustavo Jungblut, Sebastián Katz, Néstor Kerner, Juan Carlos Kozow,  Elsa Kraisman, Carlos Kreimer, Aleardo Laría, Eduardo Lazzari, Héctor Leis, Rodolfo Lira, Alicia Lissidini, Juan José Llach, Roberto Martínez Nogueira, Ricardo Mazzorín, Manuel Mora y Araujo, Daniel Muchnik, Oscar Muiño, Vicente Palermo, Miguel Pellerano, Martín Piñeiro, José María Poirier, Alejandro Poli Gonzalvo, Fabio Quetglas, Luis Rappoport, Alejandro Razé, Mónica Rivera, Jesús Rodríguez, Guillermo Rozenwurcel, Magdalena Ruiz Guiñazú, Enrique Schnack, Vicente Scordamaglia, Jorge Sigal, Leandro Signorile, Marcelo Stubrin, Facundo Suárez Lastra, Marcela Ternavasio, Guillermina Tiramonti, Rubén Tizziani, Damián Toschi, María de Vedia, Marta Velarde, Leonor Wainer, Guillermo Yanco.

Dejar un comentario

Recogemos los comentarios, críticos o favorables, que amplíen los conceptos y/o contribuyan a una discusión respetuosa. El CPA se reserva el derecho de no publicar aquellos que no satisfagan estas condiciones.

¿Por Qué?
Preguntas (y respuestas)
para pensar la Argentina

Todos los domingos de 14 a 15
por Radio Ciudad, AM 1110

escuchar todos los programas
Haciendo Pie
Dos horas de análisis sobre los
grandes desafíos de la Argentina
y el mundo.

Todos los domingos de 12 a 14
por Radio Ciudad, AM 1110

escuchar todos los programas
Contribuciones de los socios

La reelección de Milei y la apuesta de Bullrich y Santilli

Marcos Novaro

TN, 2/6/2026

leer artículo

¿Quién paga el Estado en un mundo de agentes de IA?

Eduardo Levy Yeyati

La Nación, 2/6/2026

leer artículo
Documentos

Declaración del CPA – Necesitamos jueces idóneos

Buenos Aires 4 de junio de 2026

leer documento
Actividades

Reunión de socios

Martes 26 de mayo de 2026

ver actividad