El programa económico va a terminar de consolidarse cuando sea más o menos seguro que no va a pasar de nuevo lo de 2019: el esfuerzo hecho durante años para lograr reformas de mercado y un sendero de estabilización sea arrojado por la borda por un peronismo de regreso en el gobierno empecinado en no aprender de sus previas experiencias en él.
Lo entienden hasta los mismos peronistas que leen los diarios. Aníbal Fernández acaba de decirlo con todas las letras: tenemos que asegurar a los inversores y a la gente en general que no haremos de nuevo la gran Fernández/Guzmán, no vamos a volver a gastar como descocados, a subsidiar servicios sin ton ni son, ni a reestructurar la deuda a lo macho, por eso hay que prometer que vamos a “mantener todo lo que hizo Milei”. Así, “todo”, sin peros ni condiciones que valgan.
Pero sucede que siempre hay peros
Para empezar, esta es una posición muy minoritaria en el PJ, y por tanto muy poco creíble. Y lo seguirá siendo hasta para un improbable candidato “centrista” de ese partido: si para tener alguna chance gente como Sergio Uñac y Miguel Ángel Pichetto se sienten en la necesidad de buscar el aval de Cristina Kirchner, no se entiende cómo esperan levantar la lápida de desconfianza que su movimiento se ha ganado con veinte años de dislates macroeconómicos.
Claro que Axel Kicillof podrá intentar un giro pragmático aún desde sus rígidas convicciones antiliberales, y decir que él también quisiera bajar la inflación, “pero” no lo haría “a costa de la gente”, de los empleados públicos, ni de los universitarios, ni de nadie por el estilo. Solo que tampoco tiene mucha chance de volver creíble una fórmula por el estilo: ya se sabe que todo lo que viene antes del “pero” es para confundir a la gilada, y en su caso la honestidad lo traiciona.
Por tanto, de no mediar algún cambio imprevisto, la competencia electoral que se viene volverá a estar muy polarizada, será mercados sí o mercados no, seguir abriendo la economía y bajando la inflación o darse prioridades completamente distintas. Y de no mediar tampoco una crisis de confianza muy profunda en el liderazgo de Milei, consistirá en determinar si él merece o no otro mandato para hacer lo primero.
¿Qué chances tendrán, en tal escenario, las opciones de centro?
Pueden pesar un poco más que en 2025, si logran superar su dispersión en mayor medida que entonces. Pero muy probablemente volverá a observarse una tendencia que ya se dio ese año, y en 2023: pesarán más en las elecciones provinciales que en las nacionales.
¿Y qué irán a hacer entonces los moderados en la elección de presidente? Seguramente volverán a encarar la cuestión con muy distintos criterios:
algunos rechazarán a Milei con tanto o más énfasis que dos años atrás, y volverán a votar al candidato peronista que se les ofrezca, cualquiera sea.
otros insistirán por enésima vez con una tercera vía.
unos cuantos más volverán a acompañar a Milei, tapándose la nariz o no tanto.
Todos, con sus más y sus menos, tendrán que resignarse a esperar otra oportunidad. Que podrán aprovechar si se preparan para hacerlo desde ahora. Cuestión en la que conviene detenerse: ¿quiénes lo están haciendo, piensan y construyen para el mediano y largo plazo? ¿Los que más rápido salen a la palestra, o los que más disimulan sus ambiciones? ¿Los que se aíslan en un territorio o los que juegan en la arena nacional con las cartas que les tocan?
Hay de todo
Algunos, como Maxi Pullaro, construyen por necesidad un perfil progresista en la arena nacional mientras que en su distrito buscan capturar todo el voto mileista posible. Camino que parece estar queriendo imitar Jorge Macri con su campaña de combate del delito y las usurpaciones.
Otros, como Rogelio Frigerio desde un principio, y ahora también Nacho Torres, cultivan un bajísimo perfil, ni viajan a Buenos Aires ni hablan con medios nacionales si pueden evitarlo, amparándose en la misma estrategia superlocalista de coaliciones amplias que les permitió sobrevivir a muchos peronistas y radicales durante el ciclo K.
Y están, por último, los que buscan construir autonomía desde dentro del oficialismo nacional.
Entre estos últimos destacan dos que tienen en la mira los distritos más importantes del país para el año próximo, Patricia Bullrich y Diego Santilli. Y que están imitando lo que han hecho ya Alfredo Cornejo, Leandro Zdero y algunos otros con bastante éxito: abrazarse al Presidente y esmerarse para que en el territorio que buscan controlar a este no le quede más remedio que depender de su intermediación y buenos oficios.
Adorni le hizo fáciles las cosas a Bullrich, aunque enfrenta el riesgo de que los Macri convenzan a Milei de que le conviene arreglar con ellos. En cuanto a Santilli, ganar la provincia más afectada por los ajustes del gasto público y la apertura comercial, sin una dosis mayor de recuperación económica, o de crisis del peronismo, le va a resultar muy cuesta arriba. Si las cosas se complican, la senadora podría convertirse en vice, o esperar, y el ministro seguir donde está. Pero nada de eso cambia lo esencial: desde esos territorios, van a ser piezas fundamentales para que el país tenga un horizonte político más amplio, una vez puesta la vista en 2031, la sucesión del liderazgo que Milei hoy ejerce sobre las reformas de mercado y la estabilización suponga menos riesgos, y se parezca más a una normalización del nuevo orden económico en gestación.
publicado en TN, 2/6/2026
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