Lecturas sugeridas

Un modelo que se basa en el paternalismo semifeudal

Víctor A. Beker

¨La única verdad es la realidad¨, Aristóteles En qué consiste el modelo económico vigente, pomposamente bautizado como Modelo de Acumulación de Matriz Diversificada con Inclusión Social?

Siguiendo el consejo del filósofo griego –y popularizado en nuestro medio por el ex presidente Perón- veamos qué nos dicen las propias cifras oficiales sobre la evolución económica desde 2003 a la fecha.

Lo primero que llama la atención es el grado de simplicidad que hoy tiene la economía argentina. En un año afectado por la sequía, el complejo sojero aportó nada menos que el 22% de las exportaciones argentinas. Las exportaciones primarias más las manufacturas de origen agropecuario representaron el 58% del total de las ventas al exterior. En 2002, los respectivos guarismos eran 19% y 52%.

Es decir, uno de los frutos de la orientación económica de esta última década ha sido profundizar la primarización y la sojadependencia de la economía argentina.

En efecto, mientras la superficie sembrada con la oleaginosa en 2002 era de 12,6 millones de hectáreas, en 2012 ascendió a 18,9 millones o sea un incremento de un 58%, en desmedro de otros cultivos y de la ganadería.

Argentina era un país cuyos principales productos de exportación (básicamente, alimentos) tenían gran peso en la canasta de consumo de la población. El problema era que cuando aumentaban los precios de los productos que Argentina exportaba, ese incremento encarecía la canasta de consumo de la mesa de los argentinos. Lo que era una buena noticia para el país se convertía en una mala noticia para sus consumidores.

El Modelo cortó ese nudo gordiano.

No es que se amplió, modernizó y diversificó la base productiva y exportadora estimulando la producción de bienes intensivos en conocimiento y en tecnología de punta. No, para nada; simplemente se desalentaron las exportaciones de alimentos –trigo, carne vacuna- que fueron reemplazadas por el ¨yuyo¨, cuyo consumo interno es ínfimo.

De este modo, cuando aumenta el precio internacional de la soja se incrementan los ingresos en divisas del país pero no hay impacto sobre los precios internos de los productos de consumo popular. El trigo y la carne vacuna se destinan ahora básicamente a satisfacer el consumo interno.

De este modo, las exportaciones argentinas están ahora centradas en un recurso natural que no integra la canasta de consumo, igual como sucede con los países exportadores de productos minerales.

La canasta de consumo ha quedado así desacoplada de los vaivenes del mercado internacional pero al costo de convertirnos en un país con vocación monoexportadora.

Argentina ha pasado a ser, básicamente sojadependiente lo cual equivale a decir Chinadependiente. La soja juega hoy el rol que desempañaba en la Argentina la carne vacuna hasta 1930 y China, el de Gran Bretaña en aquella época. Es el mismo que juega el petróleo para Venezuela, el azúcar para Cuba, el que desempeñaba el banano para Centroamérica o el cobre para Chile. Atenazada entre los costos crecientes y el retraso cambiario, el destino de la actividad industrial será prioritariamente el mercado interno.

Los mismos que por más de treinta años vociferaron contra las economías de enclave, la especialización agroexportadora y la falta de diversificación productiva están convirtiendo a la Argentina precisamente en lo que condenaban retóricamente antes de llegar a la función pública. En su descargo, puede argumentarse que lo hacen más por impericia, torpeza e ignorancia que por vocación, pero lo que cuenta en economía, en definitiva, son los resultados.

Argentina culminará este proceso con una extrema dependencia de un solo producto de exportación. Hay abundantes ejemplos acerca de lo que esto significa: la crisis de la economía cubana tras la caída de la Unión Soviética es el más reciente, pero no difiere de los de la economía cauchera del Amazonas tras la aparición del caucho sintético o del cierre del mercado británico para la carne argentina en los años 1930.

La economía argentina se ha subido –la han subido- a un tren sin verificar cuál es su estación de destino.

O quizá sí.

Como ya señalamos en esta misma sección ( Clarín 26/09/12), este modelo sojadependiente requiere de un Estado que se haga cargo de la creciente oferta laboral que no encuentra empleo en el sector privado. Se estima que ya hay casi 15 millones de personas cuyos ingresos dependen del Estado: 2,4 millones son empleados públicos; 5,7 millones son jubilados; 1,2 millones perciben prensiones no contributivas; 4,5 millones, asignaciones por hijo y por embarazo; más de 1 millón, planes de empleo.

Es la réplica a nivel nacional del modelo vigente en muchas provincias argentinas donde una minoría trabaja en alguna actividad extractiva y el resto de la población depende del Estado. Es el modelo económico que mejor se complementa con el paternalismo semifeudal que las caracteriza. ¿Es éste el futuro de Argentina?

publicado en Clarín, 12/02/2013

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