Tras los triunfos de Keiko Fujimori y Abelardo de la Espriella en Perú y Colombia quedan solo cuatro países democráticos en América Latina gobernados por partidos de izquierda o centroizquierda: Brasil, Guatemala, México y Uruguay. El resto la región está gobernado por distintas variedades de fuerzas de derecha o centroderecha. La elección de Yamandú Orsi en Uruguay, en noviembre de 2024, fue el último triunfo de la centroizquierda en el continente y quizás Brasil corte la seguidilla de la derecha en octubre, pero ello no modificará el panorama actual. Atendiendo a esta sucesión de victorias electorales, varios analistas y, sobre todo, militantes de los partidos ganadores empezaron a concluir que América Latina está viviendo un giro a la derecha. ¿Es así? A pesar del claro predominio reciente de la derecha, la idea de una oleada o giro me parece poco apropiada, o tal vez prematura. Veo más probable que la razón principal para estos resultados sea el clima anti-oficialismos de la última década, en la que los gobiernos latinoamericanos vienen perdiendo tres de cada cuatro elecciones.
Hace unos años había quienes hablaban de una segunda ola de izquierda, similar a la que se produjo en América Latina durante la primera década de este siglo. Comenzando con la elección de Hugo Chávez en 1998 hubo una sucesión de triunfos de candidatos de izquierda o centroizquierda, sobre todo en América del Sur. El predominio de la izquierda se sostuvo hasta comienzos de la década de los 2010. Las elecciones de Andrés Manuel López Obrador en México y Gabriel Boric en Chile, en 2018 y 2021 respectivamente, junto al retorno al poder del kirchnerismo en 2019 y del PT en Brasil en 2022, llevaron a muchos analistas a sostener que se estaba dando una segunda marea rosa.
La idea de este segundo giro me pareció errada desde un comienzo. Porque lo que estábamos viendo, hace cinco años y ahora, era una ola anti-oficialismos que no distingue signos ideológicos. Lo muestran las tasas de alternancia, las más altas de los últimos 40 años, cerca de las registradas en los ’80, cuando 14 países volvieron a tener gobiernos democráticos después de años o décadas de dictaduras. Las democratizaciones tuvieron lugar en un contexto económico altamente desfavorable, el de la llamada “década perdida”. No casualmente la gran mayoría de quienes gobernaron tras la salida de los regímenes autoritarios perdieron en el siguiente turno electoral.

¿Cuándo comenzó la nueva ola anti incumbente en la región? Cualquier recorte temporal tiene algo de arbitrario, pero partiendo la década pasada en dos lustros resulta bien claro que los oficialismos tuvieron mayor facilidad para mantenerse en el poder entre 2010 y 2015 que entre 2015 y 2020. Tal vez con lógica, la ola anti-oficialismo coincide con el agotamiento de un contexto económico internacional altamente favorable para América Latina. Terminado el boom de los commodities, la ola de triunfos opositores tuvo su pico entre 2018 y 2023, cuando se produjeron 16 elecciones consecutivas con derrotas oficialistas. Después, las reelecciones de Nayib Bukele, Luis Abinader y Daniel Noboa en El Salvador, República Dominicana y Ecuador; junto a los triunfos de los oficialismos paraguayo, mexicano y costarricense, moderaron la tendencia. Así y todo, en lo que va de la década lo habitual sigue siendo la derrota de los oficialismos (76%), muchos más que sus triunfos (24%).
Elecciones presidenciales América Latina 2018-2026
Año País Resultado Orientación
2018 Costa Rica Continuidad Centroizquierda
Colombia Alternancia Derecha
Paraguay Continuidad Centroderecha
México Alternancia Centroizquierda
Brasil Alternancia Derecha
2019 Guatemala Alternancia Derecha
Panamá Alternancia Centroizquierda
El Salvador Alternancia Derecha
Argentina Alternancia Centroizquierda
Uruguay Alternancia Centroderecha
2020 República Dominicana Alternancia Centroderecha
Bolivia Alternancia Izquierda
2021 Ecuador Alternancia Centroderecha
Perú Alternancia Izquierda
Honduras Alternancia Izquierda
Chile Alternancia Izquierda
2022 Costa Rica Alternancia Derecha
Colombia Alternancia Izquierda
Brasil Alternancia Centroizquierda
2023 Paraguay Continuidad Centroderecha
Guatemala Alternancia Centroizquierda
Ecuador Alternancia Centroderecha
Argentina Alternancia Derecha
2024
El Salvador Continuidad Derecha
Panamá Alternancia Centroderecha
República Dominicana Continuidad Centroderecha
México Continuidad Centroizquierda
Uruguay Alternancia Centroizquierda
2025 Ecuador Continuidad Centroderecha
Bolivia Alternancia Centroderecha
Honduras Alternancia Derecha
Chile Alternancia Derecha
2026 Costa Rica Continuidad Derecha
Perú Alternancia Derecha
Colombia Alternancia Derecha
Brasil ? ?
Los últimos diez años no solo han estado signados por una mayor propensión a la alternancia electoral, sino que también en varios países se registraron cambios radicales en los sistemas de partidos. En Brasil, durante algo más de dos décadas la competencia electoral por la presidencia tuvo como eje al centrista PSDB y al PT de Lula. La elección de 2018, que llevó al poder a Jair Bolsonaro, rompió ese patrón. El PSDB, que cuatro años antes había estado a dos puntos de derrotar a Dilma Rousseff, se desplomó. En México, el mismo año, el triunfo arrollador de López Obrador puso fin al embrionario sistema de tres partidos basado en el PRI, el PAN y el PRD surgido de la transición democrática. La centroderecha y la centroizquierda chilena, que dominaron el período post-pinochetista, no tuvieron candidatos en la segunda vuelta de 2021 ni en la de 2025. En Bolivia, la elección del año pasado puso fin a dos décadas de hegemonía del MAS, que tuvo su propio colapso electoral. La implosión de Juntos por el Cambio en Argentina en 2023 es otro ejemplo de las transformaciones profundas en los sistemas políticos. Junto a la pérdida de institucionalidad del sistema de partidos en varios países de la región ha tenido lugar el surgimiento de una nueva derecha caracterizada por liderazgos populistas. De la Espriella, Noboa, Bukele, Bolsonaro, Milei y el costarricense Rodrigo Chaves, con todas las diferencias que podríamos encontrar entre ellos, forman parte de ella.
Descontento ciudadano
Detrás de esta tendencia anti-oficialista hay un claro descontento ciudadano, alimentado por la escasa capacidad de los estados latinoamericanos de proveer bienes públicos básicos y atender las demandas sociales. Un descontento, además, acentuado por un desempeño económico mediocre en el período posterior al superciclo de las materias primas. La brevedad de las “lunas de miel” de casi todos los nuevos gobiernos es una muestra de esta impaciencia y este desencanto.
Es comprensible, por lo tanto, que esta racha de triunfos electorales de derecha genere la ilusión de que existe una corriente regional y una similitud en las razones detrás de estos triunfos. Pero, como dice Tolstoi al comienzo de Anna Karénina: “Todas las familias felices se parecen entre sí, pero cada familia infeliz lo es a su manera”. Esto es, las razones detrás del triunfo de Milei en 2023 poco tienen que ver con las que explican la llegada de José Antonio Kast al poder en Chile o de Rodrigo Paz en Bolivia.
Sí hay, sin embargo, un factor estructural que le otorga una ventana de oportunidad a la derecha: la inseguridad. América Latina es la región con la mayor tasa de muertes violentas del mundo. Aunque la situación está lejos de ser uniforme (Argentina, Bolivia y El Salvador, tras la llegada de Bukele, cuentan con tasas bastante más bajas que el promedio), la derecha se mueve más cómoda que la izquierda cuando se discute sobre inseguridad y violencia. Así como la izquierda se benefició a fines de los ’90 y principios de este siglo de la centralidad que habían cobrado la pobreza y la desigualdad en el debate público, tras una década de reformas pro-mercado, la derecha, en muchos países, saca provecho de la inseguridad. El triunfo de De la Estriella en Colombia, la semana pasada, es el ejemplo más reciente.
¿Y Trump? Los resultados electorales están llevando al poder a candidatos más cercanos a Washington. Eso es indudable. Y en algunos casos el gobierno de Estados Unidos ha mostrado abiertamente sus preferencias, como en Colombia antes de la segunda vuelta, o en la elección de Honduras del año pasado. Pero de ahí a concluir que la derecha triunfa gracias a Trump resulta algo exagerado. Varios de los líderes de derecha llegaron al poder antes de que Trump retornara a la Casa Blanca, en enero del año pasado. Fuera de ello, no han sido pocas las ocasiones a lo largo de la historia en que la región fue en una dirección contraria a la pretendida por Washington. La ola de izquierda de comienzos de siglo de hecho coincidió con el gobierno de George W. Bush. La actual administración norteamericana le ha asignado al hemisferio occidental un lugar prioritario en su agenda de política exterior, fenómeno que por razones geopolíticas probablemente sobreviva al gobierno de Trump. Por eso creo que la cercanía que hoy varios líderes tienen con el mandatario estadounidense es un fenómeno coyuntural. Trump dejará el poder a comienzos de 2029. Y, de hecho, un resultado electoral peor de lo esperado en las elecciones de noviembre podría llevar a que el presidente norteamericano tenga una menor atención hacia la región.
En síntesis, la seguidilla de victorias de candidatos de derecha puede generar la imagen de un giro regional. Pero por ahora solo estamos viendo la continuidad de un fenómeno que ya lleva una década y que hasta no hace mucho llevaba a muchos observadores a hablar de un supuesto segundo giro a la izquierda, que tampoco fue. Hoy la mayor cantidad de países de la región se encuentra gobernada por fuerzas de derecha o centroderecha y serán ellos quienes deberán rendir cuentas en el próximo turno electoral, el cual permitirá evaluar si América Latina ha efectivamente girado a la derecha y si ha dejado atrás la ola anti-incumbente.
publicado en Revista Seúl, 28/6/2026
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